Domingo, el día después de la gran final, abro mi Instagram y encuentro este mensaje de la cuenta Team Díaz:
“Sos una capa total, sos grande y gracias sobre todo por las palabras y el aliento a los chicos y por apoyar a mi gente. Eso nos hace ser más fuertes. Pudimos perder el resultado en la cancha, pero hemos ganado en la vida por goleada, porque conocer a vos no es cosa que sucede todos los días. Volveremos para ser campeones”.
Sí, perdimos. Mi equipo, Cnel Oviedo; “Las Es Lo Que Hay” y “Team Díaz”, quedó descalificado. No llegamos a la final.
Pero yo amanecí aguara.
No soy una persona a quien se le caracteriza por sonreír mucho. Mi mamá, en casi 40 años de mi existencia, una vez me dijo:
"Me gusta tanto verte sonreír y reír, porque no es algo que sucede muy a menudo”.
Me pasa también con marcas con las que trabajé y me piden seleccionar fotos mías donde me río. Mi respuesta siempre es:
"No, no me gusta. No me representa”.
La amiga que me acompañó me farreó porque en mi foto en el Museo del Artista estoy seria.
—“¿Quién soy?”— me dijo la estúpida, mientras se sentaba en mi silla del estudio con mis lentes puestos, imitándome.
Pero ayer posiblemente fue la primera vez que subí contenido donde realmente se me veía sonriendo. Y no era solo una foto o un video. Era todo el tiempo.
Y creo que esa sonrisa tenía que ver con algo más grande que un simple torneo.
Vivir la experiencia de diseñar las remeras de Cnel. Oviedo para Toma el Juego, la campaña de Nike en Paraguay de fútbol callejero 3x3, y todo lo que conllevó este proyecto, es lo que me tiene aguara.
Si bien diseñé las remeras del equipo de Cnel Oviedo, nunca las había visto en persona hasta llegar al evento. La gran final fue como un desfile en vivo de Nike. Gente combinando looks para todos los estilos y edades: niños, tías, amigos, mamás, artistas, modelos, bailarines, productores, jugadores, cantantes, nambrena.
Ver personas con las banderas y las bufandas de mi equipo —y también del equipo de mis colegas— armando outfits para alentar a los jugadores fue surreal.
Nunca se jugó fútbol en el Anfiteatro José Asunción Flores. Y ahí estaba yo, una hormiga galáctica siendo parte de un Dream Team: Nike, el equipo de producción de Mucho Flow, mis colegas y todas las personas involucradas, haciendo historia.
Cuando me tocó irme junto a mis chicas después de descalificarnos, les dije que aunque habíamos perdido, ellas ya eran ganadoras.
Porque es totalmente diferente llorar por perder un partido estando lookeada por Nike de pies a cabeza a los 15, 16 o 17 años, con la remera de tu equipo totalmente personalizada y siendo parte de algo histórico, que perder un partido sin tener botines; que es la historia de muchísimos grandes jugadores de fútbol cuando empiezan a esa edad.
Claro que no da gusto perder. No nos vamos a México.
Pero ganamos experiencia. Ganamos recuerdos que se quedan tatuados en la memoria para siempre. Porque eso es lo que hace el fútbol: despierta emociones. Pasión. Tristeza. Alegría. Lágrimas. Gritos. Rabia. Euforia. Lesiones, haga frío o haga calor.
La vida y el fútbol son así. Hacemos nuevos amigos y nos reencontramos con viejos rivales. Escupimos la chipa mientras gritamos “GOOOOL” y se nos cierra la boca del estómago cuando, a los 45 y con esa última cuerda de fe, se anula el gol, por falta. Tarjeta amarilla, se enojan los jugadores, nos sacan la tarjeta roja. Se lesionan jugadores y sobrevivimos el partido en desventaja.
Quizás no nos vamos a representar al Paraguay en Mexico en la Final de toma mundial.
Pero por una noche, en el Anfiteatro José Asunción Flores, entre gritos, bufandas, botines y chipa, nos sentimos parte de algo mucho más grande.
Y por mas que hayan partidos que perdemos, igual te cambian la vida.
Relato audiovisual personal del día del partido aquí.
Caso de branding del Proyecto en Behance.
Video resumen de Metasports sobre la Gran Final de Paraguay aquí.